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martes, 9 de septiembre de 2008

Me dijo no te vayas

Y yo que me di modos de aprender inglés para entenderle, cuando empecé a hacerlo, supe que a menudo me llamaba perra. No me importó, pensé que era su forma de quererme, aunque ni siquiera me permitía compartir su cama. Maldito negro, prefería dormir con su guitarra. Me tomaba solo bajo la ducha, entre la bruma del agua caliente. El mismo me desataba los zapatos, me quitaba las medias y el resto de la ropa. Ponía sus discos, con el volumen muy alto, música de otros negros, de película antigua. Entre el chorro de agua y la espuma del jabón conocí a Billie Holliday cantándome tragedias, a Nina Simone susurrando evangelios, a Miles Davis narcotizado en el jazz,con su trompeta cool, a Luis Armstrong, restregándome la piel y a veces el alma.

Ingenua yo, pensando que le amaba, desviviéndome por él, procurando entender sus estúpidos libros, sirviéndole whisky, preparándole café. Volviendo a casa mas allá de la media noche, con los cabellos mojados y humo de cigarrillo pegado en la ropa.

Una vez me fulminó con la mirada por la osadía de preguntar quien era Carlos Santana delante de sus amigos. Yo no sabía que era otro de sus nombres sagrados, igual que Django Reinhardt o Keith Richards, …le asqueaba mi ignorancia, dejé de preguntar. Después de todo, no le interesaba enseñarme nada, quizá, ni hablar conmigo. La verdad es que casi no me miraba, y menos cuando empezaba a tocar; nada existía, porque cerraba los ojos y se transportaba a no se donde. Yo por mi parte, lo escuchaba, sentía un nudo en el pecho, lo ojos se me llenaban, y también me perdía Volábamos a lugares distintos pero a la misma velocidad. Sucedía lo mismo cada tarde, desde que me invitó a entrar, cuando me descubrió asomada a su ventana extasiada en sus acordes.

Dejé de frecuentar a mis amigos, de ir al cine, de leer mis libros, por andar en su casa flotando como el éter, alimentándome de sus migajas melodiosas. Yo no existía para él sino en la ducha, y él no existía para mí sin su música. Eso lo descubrí ayer, cuando lo encontré solo en la calle, sin guitarra, sin whisky, sin musas. No era nadie. Un pobre diablo famélico, feo, canoso, arrugado. Inmediatamente supe que no volvería a su casa nunca más. El también lo supo, se vio a través de mis ojos, desnudo, insignificante. Pasé de largo, sin saludar, evitando la mirada, sin embargo alcancé a oír su voz ronca que suplicaba, don´t go baby,… please don´t go.


Samuel Riel

lunes, 23 de junio de 2008

Mi camarada



La llamo mi camarada porque se las da de rojilla radical, pero no es izquierdosa ni mucho menos, yo diría más bien que es de centro. Pesada, molesta y corta notas, la vengo tolerando desde los trece, creo. Al principio se atrasaba todo el tiempo y yo, traviesa como era, me la pasaba cruzando los dedos para que llegara; afortunadamente con los años, se ha vuelto puntual, y yo mas precavida. Con ella cada mes es un borra y va de nuevo. Si estoy susceptible es porque la espero de un momento a otro, si estoy irritable es porque llegó, y si estoy feliz como castañuelas, es porque se fue. Mi camarada es rutinaria y predecible casi como yo misma. La experiencia me enseñado que las decisiones importantes no debo tomarlas en su presencia, lo más probable es que me equivoque. Si hoy escucho Luis Armstrong y mañana Juan Luis Guerra de seguro ella tiene que ver. Si alguien me cae mal repentinamente, es ella que mete cizaña. Si tengo un nudo en la garganta, si me veo gorda, si todos son unos ineptos, si me ha salido un barro en la nariz…es la susodicha.

Como mi inseparable que es, los amigos íntimos, naturalmente, la llegan a conocer, y a veces no de la mejor manera, de hecho, hay algunitos entre desprevenidos e inexpertos, que han tirado la toalla, pero hay otros, más cancheros, que no se dejan intimidar, de esos, que la tratan como a vieja amiga, y hasta le ponen sobrenombres, unos mas curiosos que otros: la suegra, la visita, la bandera roja, la hermana fea, en fin. Hubo uno muy simpático que la llamaba Noches del Oscar, porque esas noches, seguro, las dedicábamos al cine.

Según las circunstancias, puede llegar cargada y temperamental, como este último mes, que me puso, como un campo minado, lista para estallar, hasta con el roce de un pétalo, y como era previsible, cayó la primera víctima, un pobre inocente, que ha salido por los aires, volando en pedacitos. De hecho ahora mismo estoy juntando las partes, a ver si logro dejarlo como antes.

Así es mi camarada, la conozco bien; después de la tempestad, vendrá la calma, se marchará dejándome a punto de caramelo: flexible y pegajosa. Y aunque sea por pocos días, todos mis sentidos alcanzaran el nirvana, en esos días, la magia existirá, la música sonará mejor que nunca, cualquier hijo de vecino se pondrá más bueno que George Clooney, todo lo que pruebe me sabrá a gloria, y estaré, como en el otro caso, lista para estallar hasta con el roce de un pétalo.


S. Rita de San Marcos