martes, 31 de marzo de 2009

bolaaaa

Esta si es una batida gay juecito
Ecuavoley: tres jugadores, ponedor, servidor y volador, tres toques por lado, hay que saber servir bonito y cuidar el puesto, no hay que amarcar la bola ni batir a las manos, hay que ganar dos quinces de tres, las reglas básicas, pero en este partido en especial, se había puesto dos extras: uno de los ponedores estaba dándoles la chulla* y sólo se permitían las "batidas gay" que según ellos, consistían en golpear la bola exclusivamente con la base de la palma de la mano.

*Aclaración para Gringos: dar la chulla no es ser generoso con la novia liberal de uno, sino jugar con una mano solamente


Pareeee juez, dos manos
El ducho, generosamente estaba jugando solo con la chulla, claro que de vez en cuando se le iba la otra mano.


Si van a jugar así mejor me abro
Como el cuarenta, el ecuavoley se gana también con la labia, eso del fair play se interpreta de otra manera acá en el parque, el que no alega no entendió bien el juego, aunque en esta ocasión no estaban apostando, el honor de buen ponedor merece ser defendido con un par de carajasos.


pilas hijueputa, cogerás alguna
palabras de confianza para incentivar un mejor desempeño en el equipo


Cante Juez
Bate seis recibe cero canta el señor canoso

Míaaaa
Advierte el ducho pa que nadie se le atraviese y de pasito demostrar que puede con cualquier bola por más venenosa que venga

lunes, 30 de marzo de 2009

mucho trabajo... poco placer



tiene una aspirina por favor... otro jugo de naranja...donde queda el baño?... me da la cuenta? Ah y por cierto vote por mi, soy el candidato perfecto. Gracias la trucha estuvo excelente! Todo ha estado muy bien.

Otro cliente satisfecho y que me queda, docenas de platos por lavar, pies cansados, manos ásperas... por suerte existen los simpson

La final


Final de fútbol barrial, categoría semi-veteranos. Huracán (amarillo) contra La Condamine (rojo), el balón y los sustos van de lado a lado y finalmente el partido se empata a 3.

Tanda de penales con resultado de 4 a 4 y hasta el tercer tiro de la segunda tanda no hay un campeón. Finalmente el balonazo torcido de La Condamime grita: ¡Huracán campeón!



¿Dónde está la bolita?




Ayayay calambre




Tiro libre con gol




Tanda de penales: Al hueco va




Tanda de penales: Ayúdame diosito




Tanda de penales: Ele ve… ¡Ajuera!



Vuelta olímpica

lunes, 23 de marzo de 2009

¿Sabe donde están sus hijos ahora?

Samuel el silvestre




Pequeños habitantes del bosque nublado del noroccidente de Pichincha.

Sección Fotografías

Dado que se nos ha secado la tinta desde hace algunos meses, ahí van (supuestamente) más de mil palabras, que aspiramos parchen un poco la falta de inspiración.



"Aturdido y devaluado"

miércoles, 19 de noviembre de 2008

La revancha al poder


El afiche promocional del Quitu Raymi es extraño, cándido, un chance antipático. Escrito primero en quichua y después en español, presenta de forma powerpointesca tres tortas donde se ilustra una encuesta sobre las corridas de toros. Los números son muy decidores: a la mayoría de habitantes de Quito (porque asumo que la encuesta se hizo en Quito) no le gusta las corridas de toros. Punto. Las otras dos preguntas, una sobre la asistencia a las corridas y la otra, nada disimulada, sobre si se debería prohibir la feria de toros, son de simple relleno. El afiche cierra con la original frase: “la mayoría hace el cambio”.

El mensaje no puede ser más claro, lo que me gustaría que alguien del Quitu Raymi me explique es por qué promocionan un festival que incluye teatro, danza, música, juegos populares y deportes extremos con la acusación histérica de terminar con las corridas. Por revolucionarios, indigenistas, anarquistas o alternativos que quieran parecer, es lamentable que usen las mismas estrategias de promoción que ha usado la clase política desde hace siglos: cascarle al rival. Nada menos revolucionario que insultar al opositor en vez de presentar las propias iniciativas.

Antes de que me acusen de torturador y asesino de animales o de simple pelucón, creo que debo responder primero la encuesta antes de seguir. Uno: no, no me gustan las corridas de toros ni ver sufrir a los pobres toritos, pero debo admitir que sí encuentro cierto valor estético a la lidia: el vestuario, los colores, los movimientos del capote, los giros de la capa, etc. Nos guste o no, es una manifestación cultural tanto como la costumbre, casi desaparecida espero, de cazar cóndores para hacer collares y silbatos con sus huesos, como vi alguna vez en un documental sobre una fiesta indígena hace algunos años. ¿Eso no es un sacrificio innecesario acaso? Dos: no, tampoco asisto a las corridas desde hace al menos 20 años. Fui a algunas en mi niñez, cuando la Feria de Quito todavía era una novelería accesible a la clase media y los alrededores de la plaza no eran una cantina al aire libre. Y tres: no, no creo que se deban prohibir las corridas de toros sólo porque a los del Quitu Raymi no les gustan.

A mi tampoco me gusta la danza, por ejemplo, me parece ñoña, soporífera y pretenciosa. Como la poesía, comprensible solo para sus autores, unos pocos iniciados y los snobs que quieren creer que la entienden. Si me preguntan también deberían prohibirla y si hago una encuesta similar seguro que mis números serán más grandes que los de ellos, lo que podría llevarme a la errada conclusión de que tengo derecho a iniciar una campaña para prohibir la danza y borrarla de la lista de las artes. ¿Qué tal?

Si vamos por esas, también podríamos hacer una encuesta a ver a cuántos habitantes de Quito les gusta el hip hop, el ska, el punk, el trash o la música gótica. Una encuesta, como bien deberían saber los amigos quituraymis, no significa mucho. Si la idea es hacer un festival que haga contrapeso a la absurda noción de que las fiestas de Quito son solo toros y reinitas y sombreros y vinos, deberían concentrarse en promocionar todo lo bueno que ofrece su festival, que espero sea mucho, y no tomando como punto de partida la revancha descalificadora y la dependencia de lo que haga o diga el otro. Lo realmente malo en la Feria de Quito actualmente es su elitización y la legitimación que tiene ese único aspecto de la fiesta por parte de los medios, cuando deberían ceder el mismo espacio a otras manifestaciones como el mismo Quitu Raymi.

Que a mí me disguste tal o cual costumbre me da el derecho a no asistir, simplemente. El beneficio común o el rescate de identidades tienen líneas borrosas que cualquiera puede mover a su antojo; de ahí que sean tan mentirosas las posiciones radicales al respecto y que sea tan difícil aceptar, para unos y otros, que esta ciudad no es española ni indígena: es mestiza, con todas las contradicciones, los colores y sabores que esto implica. El hornado con cerveza es el mejor ejemplo que me viene a la mente.