Últimamente está muy de moda hablar de izquierdas y derechas, probablemente se deba a que hoy, como nunca en nuestro país, sectores identificados como de izquierda han pasado de la barricada al poder y los de derecha de pronto son una minoría con poca capacidad de maniobra, al menos en la asamblea nacional constituyente donde le resulta muy complicado marcar el ritmo del baile, quizás solo entorpecerlo un poco.
Aunque son términos ampliamente utilizados no todos tienen claro que involucra concretamente el pensamiento de izquierda o de derecha, quizás porque tratamos de entenderlos como algo estático y definido cuando es algo cambiante de acuerdo a los contextos espaciales y temporales.
La idea surge por primera vez en 1792 cuando se instala la Asamblea Constituyente producto de la revolución francesa. Los constituyentes estaban divididos en dos bandos ideológicamente opuestos, a la derecha de la presidencia se agruparon los llamados de la Gironda que propugnaban el retorno a la legalidad y al orden monárquico y a la izquierda se situaron los de la Montaña que creían en la revolución de las estructuras para instaurar (incluso a la fuerza) un estado basado en la libertad, fraternidad e igualdad, en el centro, se mantuvo un grupo indefinido al que se llamó el Llano o la Marisma.
La propuesta de igualdad buscaba allanar en lo posible las jerarquías y las injusticias de una sociedad de marcadas diferencias de clase esto evolucionó a la propuesta marxista, que más tarde sería retomada e interpretada por la revolución soviética y esta es la imagen que la mayoría tiene de la izquierda.
En América, las oposiciones entre realistas e independentistas republicanos durante las guerras de independencia y más tarde entre conservadores y liberales durante la revolución liberal, también pueden ser catalogados como derecha e izquierda respectivamente. Siendo constantes, para la derecha la defensa del Status Quo, sus estructuras y jerarquías y para la izquierda la revolución de esas estructuras.
Por la naturaleza cambiante de los escenarios políticos ha sucedido que algunas ideas migren con el tiempo al lado opuesto. El liberalismo que era la izquierda de finales del siglo XIX es usado para nombrar ideas de la derecha del siglo XX, o la actitud antirreligiosa del socialismo marxista comparte espacios en la misma izquierda con la teología de la liberación.
Hoy por hoy, las diferencias más importantes entre derecha e izquierda giran alrededor del tamaño del estado. Para los primeros, el estado debe reducirse y ceder espacio para que muchas tareas públicas sean manejadas por empresas privadas. Esta tesis se fundamenta en el mito de que el estado es un administrador ineficiente y corrupto. Lo falaz de esta afirmación está en que aunque es verdad que sobran los ejemplos de ineficiencia y corrupción estatal también los hay en la empresa privada, por tanto, no se puede decir que es más seguro apostar por una u otra gestión por el simple hecho de ser privados o estatales. Además hay que reconocer que también existen muchos ejemplos de gestiones estatales exitosas que logran altos niveles de eficiencia y rentabilidad, en este caso los beneficios son dobles, por un lado la satisfacción del usuario del servicio público y por otro lado las ganancias que van al estado le dan mayor capacidad para servir de otras maneras al mismo usuario o ciudadano.
La izquierda por su lado, le apuesta a la gestión estatal, bajo la premisa de que la motivación principal del estado no es la plusvalía sino el servicio a la sociedad de la cual es responsable. Es decir, no se invierte en salud porque sea buen negocio sino por ser un derecho que garantiza el estado. Es comprensible que las empresas privadas busquen reducir sus costos para incrementar sus ganancias, pero no se puede aplicar este criterio a algunos servicios básicos, porque el reducir los costos puede resultar en servicios incompletos e injustos.
Sin embargo, para que el estado garantice los servicios básicos como educación, salud, vivienda, trabajo, etc., como propone la izquierda, se requiere una gran inversión social y por lo tanto mayor carga impositiva a sus contribuyentes lo cual molesta a la mayoría de la población, incomodidad que es aprovechada por la derecha.
Sin embargo cabe analizar que todo estado tiene un mínimo de socialismo en su seno, es decir, la delegación de velar por los intereses de toda su población, de proveer ciertos niveles mínimos de justicia, salud, educación, vialidad, etc., de forma gratuita e indiscriminada y que es financiada por los impuestos y por la producción de empresas estatales. Estas delegaciones se han ido haciendo paso a paso y con el tiempo se vuelven obvias, por ejemplo en Europa ni la izquierda ni la derecha discute que la salud a todo nivel y sin restricciones debe ser gratuita. Allí no se objeta el papel solidario de los impuestos ni de los subsidios, en estos casos sonaría ridículo ese cuento de que no hay que regalar el pescado sino enseñar a pescarlo.
Continuará…
martes, 13 de mayo de 2008
lunes, 12 de mayo de 2008
Gotitas de optimismo

Ante algunos comentarios acerca de mi creciente amargura, le ofrecí al consejo editorial de este blog emprender un tema más optimista, o más bien, enfrentar el tema como lo haría Bob Esponja y no como Calamardo.
Y una vez puesta la condición vino la dificultad, porque descubrí entonces que, en realidad, no es que esté amargado sino que SOY un amargado. Amargado vocacional, cabe aclarar, pues la vida no me ha tratado tan mal como para estar echando azufre por los poros cuando todavía estoy en edad de merecer. Pero me estoy desviando del tema, el cual aún no defino, por lo que quise empezar a llenar espacio con esta pequeña reflexión autoafirmativa. Así que me puse a ver sobre qué evento especial o maravilloso puedo escribir que saque lo mejor y más alegre de mí, y lo primero que me vino a la mente fue, ofcors, el día de la madre, pero sucede que mi mamá vive fuera del país así que no podía celebrarle, igual su computadora está llena de virus y no iba a poder leer el sencillo pero tierno homenaje que hubiera podido escribirle. Mi mamá tiene una PC, o lo que es lo mismo, tiene una compu llena de virus, encima que no se demoran nada en colgarse y son estéticamente atroces, por decir lo menos.
Pero como no quiero sonar amargado, mejor busqué otro tema. Pensé entonces en la interesante coyuntura política que vive nuestro país y la mayoría de América Latina, con el triunfo del cura Lugo en Paraguay y lo guapa que está Cristina Fernández. Ahí sí que hay mucha tela que cortar, por ejemplo puedo hablar de los artículos que está aprobando la Asamblea, que está tocando temas postergados hace tiempo y está buscando repartir un poco mejor las cartas; o sobre el plan vial que invertirá millones para construir puentes a lo largo y ancho del país, reconstruir carreteras y ampliar otras. Después abrí El Comercio y me acordé del continuo ataque de los medios de comunicación al proyecto de Correa y Alianza País y ya me iba a sulfurar… pero para hablar de la coyuntura política mejor le cedo espacio al Andrés Chiliquinga, que hasta su propio movimiento político tiene. A mí ni me invitó a unirme, pero de gana vamos a hablar de cosas feas.
Después de mucho bregar y luchar contra mi consuetudinaria amargura, encontré finalmente algo bueno qué decir, algo sobre una gran película que vi recién: Persépolis. Es la historia de una niña iraní que narra cómo la historia del país afecta a su familia y a todo su entorno, pero no solo eso. Usando casi exclusivamente el blanco y negro, se da el lujo de hablar de religión, infancia, dolor, familia y crecimiento, con un estilo super sencillo pero elegantoso. Aparte del humor, los agudos comentarios de Marjane, la protagonista (que de paso se ha sabido llamar como la autora del cómic original, Marjane Satrapi), hacen que la guambra nos caiga bien apenas abre la boca, y no se diga la energía y convencimiento que pone tanto para convertirse en profeta igual que para perseguir a un supuesto enemigo en bicicleta. En el fondo, más allá de la reflexión política, vemos pasar los trajines de una vida como muchas, con todo lo bueno y lo malo que puede tener, con la diversión, la bronca, la negación y la soledad pero también con el calor de familia, con el sentido de pertenecer a algún lugar y el cable a tierra que significa el darse cuenta que todo vale la pena vivirse. Ya empecé a sonar a libro de autoayuda así que mejor me autocensuro, no vaya a ser que se me pase la acidez y eso sí me daría mucha pena.
miércoles, 7 de mayo de 2008
Mi abuela y los judíos

Después de dos noches en el Momos, un hostalito en el centro de Tel Aviv, ya tenía los prejuicios suficientes, como para pensarlo dos veces antes de entablar amistad con cualquier judío. Según me habían informado, el respeto a la Ley de Dios en ese país estaba hasta en la sopa. Tanto así, que todo se clasificaba en puro e impuro. Es decir era casi como oír hablar de mi abuela con sus discursos del pecado, que muy a pesar mío no lograba eliminar de mi conciencia desde la infancia. Así que cuando recibí una llamada desconocida que en un español con acento hebreo, me invitaba a tomar café, la rechacé sin siquiera darme la molestia de ser cortés.
Luego me enteré que se trataba de un tipo muy agradable, amigo del dueño del hostal, que nos ayudó como intérprete al momento de registrarnos. Pero el asunto no quedó ahí, tuvimos que recurrir a él varias veces por las dificultades del idioma, y él siempre tan dispuesto y cordial, que llegué a sentirme incómoda. Una tarde, me anunciaron otra llamada en el recibidor, la misma voz y la misma invitación. Volví a rechazarlo, pero al menos esta vez di una excusa razonable y agradecí la gentileza, admito que esperé que insistiera, pero no lo hizo.
Al día siguiente, mis amigos y yo tomábamos una cerveza en un bar de la playa, cuando lo vi dando un paseo en bicicleta y detenerse en una heladería de en frente, al mismo tiempo, un niño como de seis años también en bici, compró un helado. Observé como los dos iniciaron conversación y al poco rato estaban riendo a carcajadas, hasta que vino un señor alto que parecía ser el papá del chico y se lo llevó de mal humor. Eso fue suficiente para que yo bajara la guardia y buscara la oportunidad de que me volviera a invitar. Fue inútil, entonces descubrí que los judíos también son dignos, así que terminé invitándole yo.
Un café turkish con baklava una mañana, cerca del muelle de Yaffo, y otro espresso en las terrazas del Opera Tower después de comer spaghetti una noche, fueron suficientes para concluir que mi abuela y los judíos no se parecían tanto como pensaba. Pero aún quedaba más por descubrir.
La invitación al tercer café llegó, e incluía cena y otras cosas en su departamento. Y como ya dije, eso de los pecados yo lo tenía bien claro todo el tiempo. Así que haciendo caso a la infalible voz de mi abuela, dije un “no gracias, hasta ahí nomás, yo ya me tengo que ir”. Y en efecto me fui, para Bersheva, venciendo las tentaciones de la carne. Pero me quedé pensando y pensando, en las monjitas de mi escuela, en el catecismo, en el libro de cantos Ritmos del Pueblo de Dios, y por supuesto en mi abuelita y los famosos judíos y en especial en uno no tan famoso que gustaba del café y los helados.
Dejé a mis amigos en Bersheva y regresé sola a Tel Aviv, con una sensación confusa en mi pecho, en el estómago, y un poco más abajo. Me volví a hospedar en el Momos. Ni una cara conocida, nadie que me ayude con el idioma, y, con el teléfono tan a la mano. Hice la llamada que mi abuela decía no debía hacer, y esa misma noche un taxi me condujo a un departamento donde me esperaba ese tercer café. Fue una buena decisión, -uno de los mejores que he probado-.Los discursos de mi abuelita y los mitos sobre los judíos, se iban desmoronando.
Antes de salir del departamento, él me preguntó- “¿por que viniste?” “¿Es que estás sintiendo algo por mí?” Yo le respondí, con una sinceridad desconocida, quizá porque estaba a punto de dejar el país y no me importaba lo que pensara, o talvez porque finalmente mi abuela decidió callarse para siempre, o porque se desvanecieron las sensaciones confusas, no sé, pero la respuesta salió espontánea: “No, nada de eso, creo que solo necesitaba un poco de sexo, eso es todo” El se quedó mirándome con sonrisa de satisfacción, como si encontrara algo exótico digno de mostrar y dijo, “mi familia debe conocerte”.
En efecto, fui invitada a la cena del shabat, con toda su judía familia en pleno, incluida la abuela. Ignoro lo que les dijo de mí, pero me dieron el trato de invitada de honor, de nuera predilecta, de doncella sin pecado, que es exactamente como yo me empezaba a sentir.
Bernarda Gui
martes, 6 de mayo de 2008
Un punto para Disney

Jack Sparrow es un héroe de película algo peculiar sobre todo para Disney, es un bueno que traiciona a sus amigos, miente, es sucio y desconfiable, a pesar de su nombre no luce occidental, tiene el cabello rastafari y los ojos pintados al estilo hindú. Su comportamiento no es lógico, más bien algo infantil, caprichoso, impredecible y con ciertos amaneramientos en los gestos. No es la figura típica de un héroe de películas para niños pero en ningún momento los espectadores dudan de la bondad del capitan Sparrow.
Los villanos tampoco son típicos, estos lucen colores claros y limpios, hablan con propiedad y respetan las leyes quizás porque ellos mismos las escriben, son de raza blanca y educados como Lord Cutler Beckett, quien es el Jefe de la East Indian Company, una transnacional que domina el comercio en todo el mundo y que sabe que tarde o temprano todos caerán bajo el poder del comercio y el dinero incluso los reyes y sus naciones. Beckett es un hombre que es extremadamente eficiente en su trabajo, sabe que hacer y no duda en hacerlo, es un ejecutivo implacable, siempre camina en línea recta hacia el siguiente escalón y pronto no habrá ningún escalón más que subir.
El secreto del éxito de la East Indian Company no está solo en su poder económico sino en que saber manejar las leyes (tanto las civiles como las morales) y hacerlas trabajar para su beneficio. Manejarlas incluye no creer ciegamente en ellas, ese es un escrúpulo que no pueden darse el lujo de tener, pues la fe en la legalidad siempre es para el otro, para el ingenuo que cree que la ley busca imponer justicia.
Sin embargo los sucios piratas que surcan los 7 mares de Disney no siguen las reglas y por tanto son una amenaza, así que por ley se condena a muerte a todo pirata y a todo a quien sea su cómplice o simpatizante, además se elimina el derecho a defensa a los sospechosos de piratería, así como su libre asociación y otros derechos… La ley es la ley y todos deben ayudar a cumplirla y el que no, será acusado de piratería… ¿No le suena conocido?
Jack Sparrow a pesar de sus defectos da muchas luces de humanidad, el no está seguro de nada pero al final del día acabará haciendo lo justo, no en términos de legalidad sino de su propia experiencia y sentir. En contraste, Beckett es tan perfecto que no es humano, para el la justicia es la del mercado, para tenerla hay que ganársela, ningún profesor de management podría reprocharle nada, es más, podría ganar millones dando conferencias alrededor de mundo y no se diga de vender libros de superación personal. ¿Moraleja? No se si la hay, vea usted la peli y ahí me cuenta. A mi me pareció buenísima.
Francisco Barreto
lunes, 5 de mayo de 2008
Defensa de la mediocridad

Odio darle la razón a quienes desprecian la teoría de Darwin sobre la evolución, pero resulta que, de ser cierta, más de la mitad de los que poblamos el planeta ni siquiera deberíamos estar aquí. Según el venerable barbudo, sólo prosperan las especies más aptas, las más fuertes, las que se adaptan, en una palabra las triunfadoras. Yo digo que no, digo que las que sobreviven son las mediocres.
El discurso de moda habla de buscar la excelencia, habla de éxito profesional, familiar, social, económico, etc; la lógica de la educación actual no es formarnos para aportar a la sociedad sino para sobresalir y llegar a la meta antes que cualquiera, si nadie más que nosotros lo logra, mejor. La competencia es común a las especies, pero la nuestra elevó ese rasgo a valor supremo que acciona todos los demás, gracias a eso trabajamos el triple y ganamos la mitad con la promesa de tener el premio al final de la meta. Como llegar al paraíso más o menos. Lo que vale cuesta, lucha por alcanzar tus metas, la justa recompensa a nuestros esfuerzos, son frases que oímos muy seguido, y en los últimos años se posicionaron como una especie de mantra que nos acerca a la victoria y la felicidad.
Pero veamos, si sólo unos pocos ganan y los demás se quedan pasmados, no pasará mucho antes de que los perdedores, los mediocres, se cansen de tanta perfección de los ganadores, se organicen y finalmente les suenen a los sobrados que están arriba. Esto puede sonar a comunismo o anarquía, pero son solo dos niveles dealgo más grande. Si se refina la premisa evolutiva quedará una sola especie dueña de todo y recién ahí se dará cuenta de que los demás “si han servido”; es un poco lo que nos está pasando a los humanos ahora, nuestro error consiste en creer que somos la cúspide de la evolución. Capaz que lo mismo pensaron los dinosaurios…
Yo digo que el equilibrio natural del planeta es la mediocridad porque no aspira a demasiado, no trata de acumular y se conforma con lo que venga. La mediocridad es noble porque no se enoja cuando el otro gana, es desprendida porque no le interesa poseer más allá de sus necesidades. También es pacífica, pues nunca peleará a muerte por cosas que finalmente se podrían conseguir de otra manera, y esa búsqueda del método alternativo y más cómodo le dota a la mediocridad de un espíritu creativo.
Personalmente no me preocupa pasar a la historia del diseño, del arte o la fotografía, no quiero tener el blog más leído, acepto que será difícil rodearme de las mujeres más bellas y comer todos los días en los mejores restaurantes. Lo que tengo ahora está bastante bien y trabajo lo razonable para tener algo más aunque no estoy dispuesto a sacrificar mi salud y mi familia por alcanzar el éxito profesional, para qué si lo que hago me gusta y funciona muy bien, prefiero mejorar a mi ritmo y buscar un otros caminos a ganarme un premio (salvo el lotto), trato de ver el costo-beneficio con parámetros menos monetarios y confío en que mi mediocridad ayuda a mantener el equilibrio universal.
Serán argumentos mediocres pero no importa, escribir un gran editorial tampoco estaba en mis planes.
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miércoles, 30 de abril de 2008
El divorcio de Osamaka
Finalmente se divorció mi amiga Osamaka. Ya era hora. Francamente, llegué a pensar que no sería capaz. Ella dice que fue un divorcio exitoso. Supongo que se refiere al Land Rover negro, y a la cuenta de banco. No estoy segura. En todo caso, lo hizo, terminó con su cuento de hadas por voluntad propia. Digo cuento de hadas porque solía presentarse como la princesa Fiona; por vivir en muy muy lejano y por estar casada con un ogro.
La verdad ya me tenía harta con la misma cancioncita; que ya no aguanto más a ese bruto, que aquí se termina todo, que esta vez es definitivo, que del próximo mes no pasa, que después de que Amelita termine el cole, en fin, pretextos no le faltaban para postergar su final feliz. Aunque, siendo sincera, yo nunca supe a ciencia cierta, por qué se quejaba tanto del marido, dicen que “Dios le da barba al que no tiene quijada”. Yo con uno así, me daría por bien servida. Si parece un manso palomo, y hasta donde sé,le consentía todo; hasta se hacía el desentendido con lo del personal trainer y vaya que a mi amiga le gustaba entrenar. En fin yo cumplí con escucharle y fingir que comprendía su tragedia.
Veamos a que se dedica ahora con Amelita en el extranjero, y sin el estorbo del marido. Ya me contó que anda deprimida, que no puede dormir, que no tiene ganas ni de ir al gimnasio y eso, es raro. Seguro ya vendrá a llorarme su soledad, porque así es ella, nunca está satisfecha con lo que tiene.
La verdad ya me tenía harta con la misma cancioncita; que ya no aguanto más a ese bruto, que aquí se termina todo, que esta vez es definitivo, que del próximo mes no pasa, que después de que Amelita termine el cole, en fin, pretextos no le faltaban para postergar su final feliz. Aunque, siendo sincera, yo nunca supe a ciencia cierta, por qué se quejaba tanto del marido, dicen que “Dios le da barba al que no tiene quijada”. Yo con uno así, me daría por bien servida. Si parece un manso palomo, y hasta donde sé,le consentía todo; hasta se hacía el desentendido con lo del personal trainer y vaya que a mi amiga le gustaba entrenar. En fin yo cumplí con escucharle y fingir que comprendía su tragedia.
Veamos a que se dedica ahora con Amelita en el extranjero, y sin el estorbo del marido. Ya me contó que anda deprimida, que no puede dormir, que no tiene ganas ni de ir al gimnasio y eso, es raro. Seguro ya vendrá a llorarme su soledad, porque así es ella, nunca está satisfecha con lo que tiene.
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martes, 29 de abril de 2008
Defensa de la fisiología sin excepciones

¿qué es la vida?
Esta es la cuestión, para algunos la vida es simplemente un asunto fisiológico: respirar, un corazón que late, sangre fluyendo por las venas, etc. Para la gente que piensa así, la defensa de la vida es algo muy definido, salvar a toda costa lo más que se pueda de un cuerpo fisiológico, prohibir sin excepciones la eutanasia y el aborto. Esto se vuelve un dogma muy cómodo y como todo dogma es imposible de verse desde dentro, el dogma solo lo vemos quienes no pensamos así, desde dentro, esa idea dogmática luce como cosa lógica, obvia e inobjetable.
la tierra es el centro del universo, inobjetable en su momento. La tierra es plana, inobjetable en su momento, la defensa de la vida sin excepciones, inobjetable en este momento.
El problema no está en la defensa de la vida, creo que todos estamos de acuerdo en ello, lo cuestionable es que al decir sin excepciones se vuelve una ley ciega y autoritaria incapaz de analizar situaciones particulares, aplicándose sin importar si beneficia o afecta alguien.
Pero la vida no es solo la fisiología de un cuerpo sino fundamentalmente lo que haces con el, es decir, la vida familiar, la vida personal, la vida social, la felicidad o la infelicidad que logres. Esa vida es la que valoramos, si vale la pena que el cuerpo "funcione" es por eso, ¿de que me sirve estar respirando con respirador artificial pero sin actividad cerebral alguna?. Personalmente he pedido ya a mis hermanos y amigos que si me llega a ocurrir algo así, me concedan un último gran favor: que tengan la generosidad de desconectarme. De esa vida no hablan los defensores de la fisiología sin excepciones, no les importa la calidad de vida de la madre ni del niño, ni un ser humano que quiere tener la posibilidad de una muerte digna, solo les importa su dogma.
La cruzada ciega de la defensa de la vida sin excepciones es un fruto lógico de una sociedad que conjura a la muerte como si fuera algo malo, la medicina ha avanzado tanto que la muerte deja de verse como un acto natural y pasa a ser una falta de conocimiento técnico. Lamentablemente, desde esta visión, la muerte se ha vuelto selectiva ya que vivir o morir no depende de "la voluntad de Dios" sino del acceso que tengas a la tecnología y todos sabemos que eso es cuestión de dinero. Tal como leí esta mañana en un grafitti: todas abortamos, las ricas van a Miami y las pobres a la tumba.
Y es verdad, sean legales o no, los abortos se dan, la supuesta defensa de la vida tal como lo plantea la Queirolo es cosmética, no busca el bien del otro ya sean los niños por nacer o las madres, solo tranquiliza su propia conciencia y la de la gente que la apoya, remplaza con un dogma curuchupa una discusión que debería ser mucho más compleja.
Hoy ya es ilegal el aborto en este país y la ley no ha solucionado el problema, todo lo contrario lo empeora, ya que orilla a miles de mujeres a recurrir a insalubres clínicas clandestinas o peor aún, a tratar de sacarse el feto de cualquier manera y a cualquier costo incluso el de su vida. Pero por si el panorama ya no fuera lo suficientemente tétrico, con la ley "sin excepciones" de Queirolo ni siquiera podrán efectuarse los abortos o legrados terapéuticos, en otras palabras, un médico no podrá salvar la vida de una madre con embarazo extra uterino porque sería ilegal hacerlo. Entonces, muchas mujeres morirán con un feto descompuesto dentro de su cuerpo.
En resumen, la supuesta defensa de la vida sin excepción terminará matando a más gente de la que salva, así que espero que Doña Rosana Queirolo pueda aguantar todas esas muertes en su conciencia. Pero la conciencia de Queirolo le corresponde a Queirolo, y ¿que tal la suya?, ¿aguantará usted todas esas muertes en su conciencia? o ¿Piensa hacer algo al respecto?.
Andrés Chiliquinga
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